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Petrit Halilaj

A un cuervo y los huracanes que, desde lugares desconocidos, traen de vuelta olores de humanos enamorados

Información extraída de: https://www.museoreinasofia.es/exposiciones/petrit-halilaj

17 julio, 2020 – 28 febrero, 2021 / Palacio de Cristal, Parque del Retiro

Vista de la exposición Petrit Halilaj. A un cuervo y los huracanes que, desde lugares desconocidos, traen de vuelta olores de humanos enamorados, Palacio de Cristal, 2020. ImagenSubliminal (Miguel de Guzmán + Rocío Romero)
Vista de la exposición Petrit Halilaj. A un cuervo y los huracanes que, desde lugares desconocidos, traen de vuelta olores de humanos enamorados, Palacio de Cristal, 2020. ImagenSubliminal (Miguel de Guzmán + Rocío Romero)
Vista de la exposición Petrit Halilaj. A un cuervo y los huracanes que, desde lugares desconocidos, traen de vuelta olores de humanos enamorados, Palacio de Cristal, 2020. ImagenSubliminal (Miguel de Guzmán + Rocío Romero)
Vista de la exposición Petrit Halilaj. A un cuervo y los huracanes que, desde lugares desconocidos, traen de vuelta olores de humanos enamorados, Palacio de Cristal, 2020. ImagenSubliminal (Miguel de Guzmán + Rocío Romero)
Vista de la exposición Petrit Halilaj. A un cuervo y los huracanes que, desde lugares desconocidos, traen de vuelta olores de humanos enamorados, Palacio de Cristal, 2020. ImagenSubliminal (Miguel de Guzmán + Rocío Romero)

Vista de la exposición Petrit Halilaj. A un cuervo y los huracanes que, desde lugares desconocidos, traen de vuelta olores de humanos enamorados, Palacio de Cristal, 2020. ImagenSubliminal (Miguel de Guzmán + Rocío Romero)

El trabajo de Petrit Halilaj (Kostërrc, Kosovo, 1986) está estrechamente ligado a su biografía, la historia reciente de su país y las consecuencias de las tensiones políticas y culturales en la región. Los recuerdos infantiles, bañados por el drama de la guerra y su condición de refugiado constituyen una constante en su práctica, donde aborda temas como el hogar, la nación y la identidad cultural a través de diversos medios, desde el dibujo y la escultura al vídeo, la instalación e, incluso, la escritura. En su planteamiento no existe, sin embargo, una ruptura entre lo personal y lo histórico, lo íntimo y lo social, sino una relación, una continuidad que está presente en su intervención para el Palacio de Cristal.

Quizás por ello, para esta exposición –la primera muestra individual que se le dedica en España– se invitó al artista, medio en broma, medio en serio, a realizar “la pieza de su vida”. Halilaj parece haber aceptado de forma casi literal esta propuesta, haciendo de su experiencia biográfica material artístico: ha convertido el Palacio en un gran nido que conecta el interior con el exterior, a los visitantes con el entorno, abriendo ventanas e instalando estructuras y comederos que atraigan a las aves y otras criaturas que habitan el Parque del Retiro o se encuentran en tránsito. Los pájaros son un elemento recurrente en su trabajo, simbolizan la transgresión de los límites que el pensamiento moderno establece entre sujeto y objeto, cultura y naturaleza. En concreto, el artista se ha inspirado en el singular ritual de apareamiento de los bowerbirds, que construyen elaboradas estructuras (bowers) y las decoran con objetos coloridos para atraer a la pareja. La idea de este ritual está muy ligada a su biografía: las grandes flores que decoran el nido, realizadas en un delicado marco de acero y lienzo pintado, son fruto del trabajo colaborativo con su compañero, el artista Álvaro Urbano. Su elección forma parte de la historia personal que les une y tiene el propósito de celebrar su unión: forsythias, semillas de palma, flores de cerezo, amapola, clavel y lirio. Sin embargo, estas referencias, lejos de quedar en el terreno de lo anecdótico, van más allá: al hacer pública su intimidad, esta cobra una dimensión social y política evidente, reclama visibilidad y aceptación; un gesto que adquiere aún más relevancia si atendemos al pasado colonial del Palacio como lugar de exhibición y exclusión, pero también como espacio público.

A este respecto, es fundamental para el artista formular tensiones y traspasar los límites entre aquello que se hace público, que se considera aceptable o susceptible de atención, y lo que, por el contrario, es censurado o desdeñado. El cuervo blanco que sostiene un trozo de madera en History of a Hug [Historia de un abrazo, 2020] habla de estas convenciones. En concreto, alude a un momento particular en la historia familiar de Halilaj: era la herramienta de trabajo de su abuelo en el campo y el objeto que sostenía cuando supo que su esposa había dado a luz a su primer hijo. Incapaz de expresar en público su inmensa alegría, que podría haber sido interpretada como un signo de debilidad en una sociedad patriarcal, abrazó el poste con tanta fuerza que pensó que lo rompería. Para el artista el motivo del cuervo blanco sugiere también la diversidad y la resistencia a cambiar para ser aceptado; en este sentido, es metáfora de muchas cosas: ser homo- sexual cuyo amor no es plenamente reconocido ni por su familia ni por la mayoría de la sociedad kosovar; ser una persona kosovar cuyo país no es reconocido por otros muchos, entre ellos España.

Como los nidos en la naturaleza, el espacio proyectado por Halilaj no puede considerarse autónomo o escindido de su entorno, ni de sus visitantes y sus actividades, sino que es, por el contrario, una continuación de los mismos. Esta relación, que puede entenderse como una forma de interdependencia, resuena en toda la instalación; por ejemplo, en las dos patas de pájaro que componen Here To Remind You [Aquí para recordarte, 2020]. Además, este nido tiene algo de desproporcionado y extraño en su envergadura, en la escala gigantesca de sus flores, en el protagonismo y el confort que se busca para los pájaros. El artista suspende así la perspectiva logocéntrica que nos hace creer que somos la medida y centro de las cosas para reconocernos como un elemento más. El nido se revela entonces como el escenario de un ritual que aguarda a que los encuentros, las alianzas y las uniones entre sus diferentes visitantes tengan lugar, alterándose y cambiando con el espacio.

A un cuervo y los huracanes que, desde lugares desconocidos, traen de vuelta olores de humanos enamorados es la primera exposición que se inaugura en el Museo Reina Sofía tras su clausura a causa de la pandemia de la COVID-19. De hecho, su montaje quedó interrumpido por la misma. En estas circunstancias, la propuesta de Halilaj no podría resultar más pertinente: la dedicatoria al cuervo y a los huracanes que establece en su título nos habla de la lucha que precede a la aceptación. La presente crisis ha evidenciado la debilidad del sistema económico en el que se asienta nuestro mundo y la insostenibilidad del crecimiento ilimitado de espaldas a la naturaleza. Nos ha enfrentado a nuestra vulnerabilidad e interdependencia, y ha situado los afectos y cuidados en el centro de una subsistencia común que no puede prolongarse sin tener en cuenta al resto de habitantes del planeta. Con este nido, Halilaj ofrece un refugio y, de este modo, apela a la esperanza, a la posibilidad de otro futuro distinto de aquel al que parecíamos abocados.